Los acomodos del ruido

Isaac Moh­lam­me, South Afri­can Lan­gua­ge fin­gers­pe­lling alp­ha­bet

Los aco­mo­dos del rui­do. O de la cer­te­za estam­pa­da en el trau­ma, de aque­llo sabi­do por el agu­je­ro trau­má­ti­co, o de aque­llo movién­do­se, mien­tras va ori­llan­do en cada olea­da las incrus­ta­cio­nes del suje­to. Eso, lo incrus­ta­do en cada retorno tras acti­va­ción sim­bó­li­ca pro­ve­nien­te del trau­ma, en cada reflu­jo del rela­to trau­má­ti­co, es el rui­do de su voz. Voz y rui­do. Aque­lla escri­tu­ra o aquel rema­nen­te de la escri­tu­ra don­de la posi­ción de una letra —sea ana­lí­ti­ca, lite­ra­ria— retro­trai­ga, en el ir y venir del movi­mien­to del rui­do, su ins­crip­ción a los anaque­les indi­vi­dua­les.

Allí, sobre­vi­ve la tara del rui­do trau­má­ti­co, lo incu­ra­ble de su rui­do.

En lo ver­ba­li­za­do en aná­li­sis como el tiem­po tar­ta­mu­do de la pri­me­ra infan­cia hay una esce­na don­de los rui­dos y sus deve­ni­res de soni­dos fue­ron, des­de el aho­ra, fun­da­men­ta­les para enten­der las dife­ren­cias de la len­gua, el len­gua­je, y las posi­cio­nes del habla. Una pro­fe­so­ra, hacien­do un comen­ta­rio de pasi­llo sobre los niños tar­ta­mu­dos, dijo «esos se atra­gan­tan con las pala­bras».

Una ori­lla del bor­de del recuer­do visi­bi­li­za el atra­gan­tar-se como el rui­do de la pala­bra escri­ta. Ésa con la que hoy se labo­ra, labor del inte­rior de la pala­bra y sepa­ra­da del afue­ra de sus rui­dos. El rui­do del trau­ma se reorien­ta. ¿Qué rui­do infan­til vuel­ve y res­guar­da esa pala­bra ayer tar­ta­mu­da de la hoy escri­bién­do­se?

Tras la olea­da o en con­tra de ella, se apa­ra­ta una for­ma del suje­to, una posi­ción de fluc­tua­ción en el mis­mo eje.

Oleada y ruido

En lo incrus­ta­do, enton­ces, de la olea­da y el rui­do hay una pala­bra con­glo­me­ra­da por su comen­ta­rio de pasi­llo, allí don­de la par­te de los anaque­les indi­vi­dua­les ha fija­do un rui­do menos feroz, o bien, el rui­do basal —ya no tara— de la pala­bra. O es la posi­ción adap­ta­da para el rui­do basal de la pala­bra, lo que reubi­ca la nue­va pul­sión de escru­tar o escu­char ese rui­do del trau­ma.

De los apa­ra­tos inte­rio­res, el motor y la manio­bra es una labor diri­gi­da con cier­ta pala­bra nue­va. Son los rui­dos anti­guos en la pala­bra nue­va.