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En El cua­derno de Ben­to, John Ber­ger recuer­da que, en 1942, duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial, asis­tió a la Natio­nal Gallery de Lon­dres para escu­char un reci­tal de piano a car­go de Myra Hess. Al lle­gar al lugar le impre­sio­nó que los muros estu­vie­ran des­nu­dos, pues todas las pin­tu­ras habían sido res­guar­da­das ante la ame­na­za de bom­bar­deos aéreos.

Ber­ger se detie­ne en el peso de ese vacío, que no sólo trans­for­ma la natu­ra­le­za del espa­cio, sino que rela­ti­vi­za su expe­rien­cia de escu­cha. Y fina­li­za escri­bien­do: «Es extra­ño, pero en tiem­po de gue­rra la músi­ca es una de las pocas cosas que pare­cen indes­truc­ti­bles».

Edward Dod­well, Views and Des­crip­tions of Cyclo­pian…, 1834